Parte de mi

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Hace casi 20 años llevo un piercing en mi ceja derecha. Hace años ya que ese adorno no es algo externo, algo extra. Forma parte de mi cara, de mi mirada, de mis expresiones. Es una parte de mi ojo. A tal punto que ya no lo veo cuando me miro al espejo. Me olvido que está ahí, porque es parte del todo, como mi nariz o mi boca.

Cada tanto alguien me pregunta por él, que cuando me lo hice, que si dolió, etc. Y a veces tardo unos segundos en saber de qué me está hablando mi interlocutor, de recordar que es algo extra y no parte de mi cuerpo.

Ahora me doy cuenta que eso mismo me pasaba con el sentimiento de extrañarte.

Tu vuelta y ahora tu nueva desaparición, fueron como cuando por algún motivo tengo que sacarme el piercing. Vuelvo a ser consciente de su existencia, vuelvo a notar esa parte de mi cara que no miro detenidamente cuando veo mi reflejo en el espejo.

Te extrañé tanto, tan intensamente, que ese sentimiento pasó a ser parte de mi ser y olvidé que existía.

Hoy te extraño de manera consciente. Hoy tu falta se me hace evidente.

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Algo Cambió

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Sabía que iba a ser efímero. Sabía que no iba a durar.

Lo que no sabía era que yo no iba a ser lo suficientemente fuerte.

Hoy combato mi ansiedad y mis impulsos, esperando que el pasar de los días vuelvan a traer la calma que tenía ese 26 de diciembre a las 9 am.

Hoy encontré un tema de esos artistas que tenía olvidados porque dolía escucharlos. Planeo escucharlo en loop y convertirlo en mantra hasta tanto se convierta en realidad:

 

Algo cambio después de que te fuiste
Estuve triste, mas esa herida me sano
Ahora no sé con qué propósito volviste
Lo que perdiste Mami ya alguien lo encontró.
El tiempo se fué, y con el mi fé, en tu corazón
Es mucha la distancia
Y ahora estas aquí diciendo que si, pidiendo perdón
Pero en mí no hay ansias
Como quieres que yo reviva lo que ya se murió
Estoy sintiendo otra fragancia
Debes admitir que te tienes que ir por el bien de los dos.
Yo soy el mismo, y asi seré hasta la muerte
Nada va a cambiarme, ni siquiera un golpe de suerte.
Trate de darte mi amor, tu trato encambio fué fuerte
Tú fuiste quien me dejo sin deseos de quererte
No valoraste mi espacio y mis sentimientos
Como un niño confíe en ti y me creí todos tus cuentos
Falló el intento de ser libre en tus cerrojos
Fuiste tú quién marchito la selva que escondían mis ojos
Con el alma rota me dejaste en un embullo
Pense que no podría al principio pero mira, fluyo
Como puedes ver, un mundo real sin ti construyó
Claro que te perdono pero mi amor ya no es tuyo
Te di mi mano, mi paz, mi ser y mi tiempo,
los placeres de mi carne y la luz que hay en mi templo
Ahora llego el momento de decir adiós
No es para dañar a nadie, es por el bien de los dos
Yo se que duele, pero aceptalo así
Que ya yo no puedo lo mismo sentir
El tiempo se fué, y con el mi fé, en tu corazón
Es mucha la distancia
Y ahora estas aquí diciendo que si, pidiendo perdón
Pero en mí no hay ansias
Como quieres que yo reviva lo que ya se murió
Estoy sintiendo otra fragancia
Debes admitir que te tienes que ir por el bien de los dos
Algo cambió, después de que te fuiste, mi camino se iluminó
Estuve triste, mas esa herida me sano
Lo que fué desapareció
Ahora no se con que propósito volviste
Si no eres dueña de mi corazón
Lo que perdiste Mami ya alguién lo encontró
Otro color mi lienzo pinto
El tiempo se fué, y con el mi fé, en tu corazón
Es mucha la distancia
Y ahora estas aquí diciendo que si, pidiendo perdón
Pero en mi no hay ansías

Agradecer

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Agradecer por cada vez que te conectas y no me hablas.

Agradecer por cada llamada que se cae por culpa de Internet.

Agradecer por cada mensaje que no me contestas.

Agradecer por cada impulso que reprimo para escribirte.

Agradecer por cada impulso que reprimo de reclamarte porque no me escribís.

Agradecer por todo aquel que te tenga entretenido, para no ser yo la destinataria de tus mensajes.

Agradecer por tu excusa de que hay cosas que se hablan cara a cara y no virtualmente.

Agradecer por no poder salir corriendo para pedirte explicaciones.

Agradecer por tu cobardía para poder salir de la isla.

Agradecer por cada recuerdo que me confirma que nunca pensaste más que en vos.

Agradecer por cada vez que no me consolaste.

Agradecer por las leyes de un país que no me permitieron quedarme.

Agradecer por tu falta de valentía para jugarte por mí.

Agradecer, por sobre todo, la distancia que nos separa.

Mariposas Muertas

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Hace más de un año y medio que no tenía la necesidad de escribir. No me había puesto a pensar si alguna vez esa necesidad, esa urgencia, iba a volver a mí.

Pero fantasmas de mi pasado han decidido acecharme en este fin de año. No los llamé. No los esperaba. Simplemente aparecieron. Desde esa tierra caliente donde pasé un año entero, y donde estaba dispuesta a pasar el resto de mi vida.

En medio de la fiebre que me acosa por estos días, una fiebre real, de esas que a mí me agarran una vez cada 5 años (porque tengo la suerte de no enfermarme seguido), mi teléfono sonó. Sólo un pip. Ese sonido con el que sabía que una vez desbloquease el teléfono, iba a encontrarme con un círculo con una foto, una “burbuja de chat”.

El remitente no me sorprendió. En todos estos años, ella y yo hemos mantenido conversaciones y nos hemos enviado los saludos protocolares (aunque también cariñosos) a los que algunas fechas obligan.

La sorpresa tampoco llegó cuando leí el mensaje. Aunque sí leer ese nombre que ella había escrito me puso en un estado de alerta, mínima, muy mínima. Porque, seamos realistas, ¿cuántas conversaciones puede tener una madre sin referirse a su hijo?

Y así fue como ella me llamó. Ilusa yo, que creía que sólo quería desearme unas felices fiestas de forma hablada y no en palabras plasmadas con letras que yo puediera leer. Nuestro intercambio de sonidos, con ella, duró menos de 30 segundos. Y después:

-Dime mi amor- Esa frase. En esa voz. No puedo enumerar las veces que la habré escuchado, exactamente como la escuché hace dos días. Pero hacía por lo menos 3 años (si no más), que no la escuchaba.

Y contrario a lo que yo, y probablemente mucha gente que me conocía allá y entonces, e incluso gente que me ha conocido después, podría creer, no hubo nudo en el estómago. Ninguna mariposa se puso a revoltear. Ya todas fueron tan tapadas de polvo que ninguna sobrevivió al paso del tiempo.

No voy a ser hipócrita, hacerme la fuerte, mentirme a mi misma: Esto revuelve el pasado. Esto me pone nostálgica. Esto hizo que repasara un año entero de fotos y videos que habían quedado archivadas. Que vuelva a buscar esos artistas que no escuchaba desde hacía tiempo porque me hacían mal, porque sus canciones me llevaban a un tiempo pasado que recordaba con felicidad, pero que a la vez me angustiaba porque sabía que no iba a volver.

Hoy, sentada ante esta pantalla y este teclado, escuchando otra vez a Melendi, puedo decir que no quiero volver a ese pasado. Que estoy orgullosa y feliz de haberlo vivido y que no lo cambiaría por nada del mundo. Pero hoy, mirando a mi alrededor y viendo a dónde llegué, dónde estoy, y teniendo claro lo que quiero (o lo que no quiero, depende cómo se lo mire) para mí, también puedo decir que me hace muy feliz saber que eso se terminó y no va a volver.

No tengo idea si esta aparición será tan fugaz y esfímera como la fiebre que me acompaña por esto días o se convertirá en algo permanente. Sea como sea, estoy lista para enfrentar cualquier escenario. Porque a mis mariposas cubanas el polvo les ha cubierto las alas y ya no pueden volar.

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El Lado No Feliz de Una Noticia Feliz

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Anoche mi mejor amiga me contó que está embarazada. Y es una noticia súper feliz. Increíblemente feliz. Y así me sentí en cuanto entendí lo que ella estaba tratando de decirme.

No es de esos embarazos buscados por un montón de tiempo, de esos que se esperan con gran expectativa e ilusión. Tampoco fue accidental. Pero a mi me tomó por sorpresa. Siempre supe que podía pasar, a pesar de haberla escuchado incontables veces referirse a su hija como “hija única y malcriada como corresponde”. Pero no me lo esperaba, porque tampoco sabía que ya había tomado la decisión de que no era una mala idea que mi ahijada tuviese un hermanito.

Y si. Claro que estoy feliz. Claro que me alegro por ella. Claro que me encanta saber que como la vida nos juntó tarde (aunque ambas somos conscientes de que la vida nos puso de frente exactamente en el momento en el que la una necesitaba de la otra y no antes), voy a poder tener la oportunidad de compartir todas esas cosas que no pude vivir con su pequeña mayor.

Pero siempre es fácil hablar, enumerar y gritar a los 4 vientos la felicidad que una noticia como esta genera. A ella todo eso puedo decírselo y podemos reír de alegría juntas.

Pero a veces, incluso las noticias más felices, tienen un lado oscuro. Y después de la euforia, la alegría, la felicidad del primer instante en el que entendí que una de las personas que más adoro en esta tierra me iba a dar un nuevo sobrino, llegó la angustia.

Y mi mayor dificultad es que la única persona en el mundo que entendería perfectamente y sin juzgarme, que podría racionalizar mi egoísmo y que podría prestarme un hombro para llorar, es la única persona a la que no puedo contarle lo que me pasa.

Porque cómo decirle a mi mejor amiga que me emociona la idea de un nuevo peque entre nosotras, pero que su embarazo y el nuevo crío modifican mi rutina, que sí, que egoístamente, pienso en que ya no tengo compañera de salidas nocturnas o compinche en mis clases de salsa.

Cómo decirle a mi mejor amiga que aún sabiendo que ella va a hacerme partícipe de todo lo que le espera de ahora en más, que cuenta con mi compañía y mi apoyo, su embarazo me hace sentir más sola que nunca.

Cómo explicarle a mi mejor amiga que estoy feliz de poder transitar por la época de la panza, los pañales, los primeros pasos y las primeras palabras de su próximo hijo como no pude hacerlo con mi ahijada, pero que en el fondo siento que los roles tendrían que haber sido distintos. Que era ella la que me iba a acompañar a mí en todo eso, riéndose de todos mis pánicos de madre primeriza y acompañándome en toda esa revolución que se genera en el cuerpo, la mente y los sentimientos.

Y que su embarazo me recuerda que yo estoy exactamente en el mismo lugar en el que ella me encontró 7 años atrás cuando nos conocimos. Incluso viviendo bajo el mismo techo y tomando la misma medicación para poder salir adelante. Y aunque estos 7 años no fueron estáticos, y muchas cosas pasaron, es como si yo caminara en círculos y volviera siempre al mismo punto mientras el resto sigue caminando recto y avanzando. Y mi nuevo sobrino es evidencia de eso.

Y que tengo pánico. Que tengo pánico que este futuro bebé del que ya tengo título de tía por lo menos aunque no sea de sangre, tal vez sea la experiencia más cercana que yo tenga con la maternidad. Y que me recuerda que el tiempo sigue pasando y yo sigo en el mismo lugar. Sola. Sin proyectos. Sin futuro.  Y que aunque nunca había pensado seriamente en ser madre, porque “si no puedo cuidarme de mi misma, ¿cómo voy a poder cuidar de alguien que dependa de mi?”, hace tiempo que vengo tratando de convencerme a mi misma que tal vez no me toque tener una pareja, hijos, formar una familia. Pero que aunque conscientemente lo pueda decir y procesar, mi inconsciente me sigue jugando malas pasadas y sacándome el tema de la maternidad a flote todo el tiempo.

Cómo decirle todo esto a alguien que está pasando por esa euforia y felicidad y a la vez por todos los miedos que conlleva y que necesita de su amiga de forma incondicional para llorar, reír, putear, maltratar, pedir perdón, para que la acompañe a donde ella pida, para que el haga el aguante que le toca a una amiga en este proceso. ¿Cómo? En mi caso es simple. No tengo que decirle nada. Porque ella ya lo sabe. Porque incluso antes de que yo me enterara de la noticia, ella ya sabía que todo esto me iba a pasar y estaba preparada para incluso, tener que consolarme por darme la noticia más feliz del mundo. Así de mucho me conoce y me quiere mi mejor amiga, futura madre de mi sobrino.

Intimidad por primera vez

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Tal vez fue el sexo por primera vez con alguien nuevo; tal vez fue el cubilete y la posibilidad de observar cuál era la estrategia que usaba en el juego; o tal vez fueron simplemente las horas y la charla compartida. No. Fue todo eso junto. 

Hacía tiempo que no disfrutaba de esa sensación el empezar a conocer a alguien, prestar atención no sólo a las palabras que utiliza si no a cómo las utiliza, observar sus gestos y expresiones, las reacciones que provocan mis opiniones y con eso, afirmar o desarmar y re-armar el preconcepto que tenía después de la primera impresión. 

No importa si hay otros encuentros o no. La magia de esa intimidad por primera vez, quedará en mi memoria.

24 Horas

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24 horas te pido. Un día entero, sólo 24 horas, 1440 minutos, 86400 segundos, ni uno más. 

Te pido 24 horas de tregua. No es demasiado pedir. 24 horas comparadas con el año, 6 meses y 10 días que ya pasaron no son nada.

Te pido 1440 minutos de paz, de tranquilidad, de poder respirar sin una piedra en el pecho.

Te pido 86400 segundos de libertad. Sólo eso, ni un segundo más. 86400 segundos en los que tu nombre, tu rostro, el sonido de tu voz, tu esencia, no estén presentes.

Te pido un día entero en el que tu recuerdo no me atormente. 

Feliz No Cumpleaños

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Hoy te festejo tu No Cumpleaños. Podría haberlo hecho ayer, el día antes de ayer o, incluso, pasado mañana. 

Pero elijo hacerlo hoy, porque mañana es el único día del año que no es tu No Cumpleaños.  

Mañana no voy a festejarte tu cumpleaños, no voy a desearte felicidades. Porque aunque ya no pueda hacerte saber que me acordé, no pueda compartir tu alegría ni tus festejos, no pueda fantasear con que oír mi voz te da alegría (como la que pude escuchar en tu voz hace 365 días, después de ese momento de estrés que tuviste), esos recuerdos todavía están latentes. 

Feliz No Cumpleaños para vos, donde quiera y con quienquiera que estés en este momento. 

Nuevo Protocolo de Emergencia

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Mi amiga (a quien ya le dedicaré las líneas que hace rato se merece y vengo armando en mi cabeza) está pasando por un mal momento por estos días. Obviamente no es el primero y probablemente no sea el último, pero este es nuevo, más profundo, distinto. 

Y como es algo nuevo no se bien cómo ayudarla y creo que ella tampoco sabe aún como quiere y necesita que yo la ayude. Porque como me dijo ayer:”esta situación es tan nueva amiga, que para esto todavía no tenemos protocolo de emergencia”. 

es asi

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Y con sólo dos palabras, pusiste siete llaves a los cerrojos de esa puerta que yo había empezado a cerrar. 

No te voy a mentir, estoy muy triste. Sobre todo porque la ilusión de que quedaba alguien allá afuera que me quería se desvaneció. 

Pero ahora si puedo decir que se terminó. Ahora sé que ya no vas a volver a aparecer. Ahora sé que no vas a volver a hacer tambalear el delicado equilibrio que estoy logrando en mi vida. 

Desde hace 2 días te convertiste definitivamente en pasado. Espero que ahí te quedes y pronto pases a ser sólo un lindo recuerdo.